Intestino irritable y soluciones naturales

Nov 05, 2013 por

Durante mucho tiempo misterioso, el síndrome del intestino irritable (SII) comienza a revelar sus secretos, lo que ha permitido mejorar el modo de tratarlo. Entre las hipótesis sobre sus causas, destaca la de la intolerancia a ciertos alimentos, probablemente como consecuencia de un desequilibrio de la flora intestinal.

Gases, dolor de estómago, estreñimiento, diarrea… Éstos son los síntomas diarios de las personas que sufren el síndrome del intestino irritable, que, pese a unas manifestaciones que varían en frecuencia, intensidad y naturaleza, se caracteriza por producir dolor abdominal crónico, cólicos y cambios en las deposiciones.

A la hora de diagnosticar la enfermedad, los médicos se basan únicamente en estos signos médicos, dado que las pruebas no relevan ninguna información complementaria. Así lo confirma el doctor Ducrotté, gastroenterólogo del hospital CHU de Rouen, Francia. “Los pacientes consultan sobre todo por el dolor, pero los exámenes, incluida la endoscopia, no relevan ninguna anomalía”.

“Incluso si la sintomatología es subjetiva, interrogar al paciente de manera minuciosa permite al menos determinar la frecuencia y la intensidad de los síntomas”, apostilla el doctor Schneider, hepato-gastroenterólogo del hospital CHU de Niza, Francia. “Son esos dos criterios, además de la antigüedad, los que permiten establecer un diagnóstico”, agrega.

Ausencia de tratamientos curativos y nuevas líneas de investigación

Tras el diagnóstico, la persona sigue sintiéndose vulnerable, pues padece un síndrome para el cual no existen tratamientos más allá de los dirigidos a aliviar los síntomas. “Con todo, los pacientes suelen darse cuenta de que hay alimentos que les sientan peor que otros, aunque los médicos apenas den importancia al aspecto nutricional. Las recomendaciones dietéticas se limitan a incitar el consumo de fibras, pero no excluyen alimentos”, declara Ducrotté.

Conocidas por sus efectos beneficiosos sobre el tránsito, las fibras se cree alivian el malestar intestinal de los pacientes. “Pero hoy, gracias a los nuevos conocimientos adquiridos, estas recomendaciones han evolucionado”, precisa, satisfecho, Ducrotté. En efecto, varios estudios han permitido dilucidar aspectos de un trastorno misterioso que dificulta la vida de quien lo sufre.

En la actualidad se siguen cuatro líneas de estudio:

Una disfunción en la comunicación entre el sistema nervioso entérico, situado en el estómago, y el sistema nervioso central.
Una mayor permeabilidad intestinal, que se ha observado en un 50% de los enfermos.
Un exceso de células inmunocompetentes de las membranas del intestino y, en algunos pacientes, inflamación. “La pista de la inflamación se está estudiando mucho y parece prometedora, aunque no guarde relación con otras enfermedades digestivas como, por ejemplo, la enfermedad de Crohn”, aclara Scheneider.
Una disbiosis, es decir, un desequilibrio de la flora intestinal por el cual ciertas bacterias no están presentes en la misma proporción que en las personas sanas.

En cuanto al estrés, que durante mucho tiempo se ha creído era el único desencadenante del SII, parece que, más bien, desempeña una función catalizadora: la persona sujeta a estrés sería más sensible a los problemas intestinales.

La importancia de la microflora

En estos últimos años muchas investigaciones han centrado su labor en la llamada microbiota –o microflora–, describiéndola en ocasiones como un órgano en sí mismo. Estas bacterias pobladoras del intestino tienen, principalmente, cuatro funciones: la degradación de los compuestos de origen alimentario (las fibras, por ejemplo), la producción de vitaminas como la K, la B12 o la B8, el desarrollo del tubo digestivo y, sobre todo, la defensa inmunitaria.

Así, diversos estudios sobre el tema han demostrado que quienes padecen este trastorno intestinal tienen menos bacterias que utilizan ácido láctico –o lactato– y más bacterias que utilizan sulfato, de manera que la fermentación intestinal es más importante que en una persona sana. Este desequilibrio podría desembocar en una mayor producción de hidrógeno, que puede medirse en el aire expirado(1).

“Una de las primeras consecuencias de este descubrimiento ha sido el cuestionamiento de la recomendación del incremento del consumo de fibra, que puede ser dañino”, explica Ducrotté.

El doctor Schneider disiente: “En la relación riesgo/beneficio gana éste último, porque las fibras estimulan el tránsito intestinal y favorecen la producción de gas, dos funciones esenciales. Es el hecho de hacer funcionar el tubo digestivo lo que constituye un problema para estas personas especialmente sensibles”.et, 1998

El gluten y los “fodmap”, en la línea de mira

Pero las fibras no son las únicas que atraen la atención de los investigadores: algunos azúcares (fermentables, oligosacáridos, disacáridos, monosacáridos y polioles, que forman el acrónimo “fodmap”), así como el gluten, serían susceptibles de agravar los síntomas. El doctor Ducrotté precisa que “el 20% de los pacientes son objetivamente intolerantes a ciertos alimentos. Por ello, un régimen de exclusión mejora los síntomas notablemente”.

Los fodmap son azúcares que encontramos en muchos alimentos: frutas (manzanas, peras), bebidas carbonatadas, salsas preparadas, miel y algunos chocolates. Estos compuestos son fermentables, es decir, fermentan en los intestinos, produciendo gas, el cual provoca distensión y flatulencias. Según un estudio, un régimen pobre en alimentos fodmap permite reducir los dolores y los gases. “Pero este estudio ha sido realizado en Australia, donde la alimentación es muy diferente a la nuestra”, matiza Schneider. “Sin embargo, parece una pista prometedora”, concede. Para el doctor Ducrotté, en cambio, “cuando la relación fructosa/glucosa de un alimento es superior a 1 es mejor suprimirlo”.

Por otra parte, “numerosos pacientes experimentan una mejora neta de sus síntomas al seguir una dieta sin gluten”, asegura Ducrotté. Pero como no muestran ningún signo de celiaquía, los médicos tienden a pensar que es pura sugestión. Sin embargo, un estudio parece indicar que un régimen libre de gluten contribuiría a mejorar los síntomas de este síndrome. Es una noción que está tomando fuerza poco a poco. De echo, entre el 6% y el 10% de los pacientes sufriría una intolerancia al gluten sin por ello ser celiacos”.

Finalmente, parecería que los lípidos, durante largo tiempo sospechosos de agravar los síntomas del SII, no estarían implicados.

Los probióticos, ¿una solución?

Pero aunque las investigaciones ofrezcan pistas interesantes en cuanto a la supresión del gluten y los azúcares, erradicarlos definitivamente no parece necesario. “Ciertos médicos tienen el mal hábito de desaconsejar muchos alimentos a las personas con SII, sin estar seguros del interés terapéutico de hacerlo. La realidad es que esta medida puede acarrear consecuencias negativas en el paciente, como carencias nutricionales o, simplemente, frustración”, apunta Scheneider.

Para Ducrotté, “no debe haber actitudes sistemáticas, sino que el médico debe adaptar el tratamiento al paciente”. Porque, por el momento, sólo existen tratamientos para aliviar los síntomas.

Sin embargo, los probióticos podrían cambiar el rumbo de la enfermedad. En efecto, dado que la microbiota parece ser responsable del SII, jugar con la composición bacteriana del intestino debería permitir erradicar los síntomas. “Los probióticos tienen un efecto antimicrobiano e inmunorregulador y refuerzan la barrera intestinal”, detalla Ducrotté. De los ensayos clínicos que buscan evaluar su eficacia, uno ha podido demostrar que el consumo de probióticos mejora los síntomas del síndrome en un 20% o 25%.

Soluciones Naturales.

Indigestiones, pesadez estomacal, cólicos, acidez y digestión lenta son algunos de los problemas estomacales más comunes que podemos encontrar. Aunque pueden deberse a una condición importante que requiera atención médica, la mayor parte de las veces son producto de nuestros excesos alimenticios, por eso en unComo.com te damos algunas soluciones para que descubras cómo tratar los problemas estomacales de forma natural. 

Está claro que el primer paso para cuidar de tu estómago es comer de manera adecuada, llevando una dieta balanceada con abundantes frutas y vegetales y manteniendo a raya las grasas saturadas, alimentos fritos y azúcares refinados. Pero esto no siempre es posible, por eso conviene saber que hacer en el caso de malestar estomacal

Los probioticos son aquellos productos que cuentan con organismos vivos, sus beneficios son amplios y es que nos ayudan a mantener y mejorar la flora intestinal además de favorecer notablemente la digestión. Los más recomendados son el yogurt, la leche o la soja, un yogurt después de la comida te ayudará a mejorar la digestión y el tránsito intestinal

Si has comido demasiado y sientes el estómago pesado una de las grandes soluciones es diluir una cucharadita de bicarbonato de sodio en medio vaso de agua. Esta mezcla consigue los mismos efectos de la sal de frutas, ayudando a nuestro estómago a digerir los alimentos de manera más efectiva

Para la indigestión o la digestión lenta el jengibre es un gran aliado, puedes consumirlo en láminas delgadas o preparar una infusión hirviendo un trozo en agua, deberás esperar hasta que la misma adquiera un colo amarillo antes de retirar del fuego, deja reposar 10 minutos y bebe. También es una buena opción para combatir la acidez

El regaliz, aunque con un sabor anisado y un poco fuerte para muchos, es también en un buen antiácido protegiendo las mucosas del estómago. Consumirlo en infusión es una gran idea

Para mejorar el malestar y la incomodidad ocasionada por las flatulencias y los gases , el hinojo es una de las mejores opciones que podemos encontrar junto con el comino. Ambos de sabor fuerte ayudan a aliviar este problema rápido de forma eficaz

El diente de león y la canela son famosos por mejorar la digestión lenta y reducir la pesadez de estómago, pues estimulan la producción de jugos gástricos y biliares. La mejor forma de consumirlos es también en una infusión

Si frecuentemente sientes malestar estomacal, pesadez, acidez, flatulencias u otras molestias, lo recomendable es acudir a un especialista para realizarte un chequeo y descartar cualquier condición.

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